Installation art - Juan Pablo Chipe
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"The Pop Garden". Instalación La Tabacalera Madrid España 2010

"The Pop Garden" (detalle). Instalación La Tabacalera Madrid España 2010

"The plastic Wall" Instalación El Aperitivo Madrid 2010

Installation art

 

Arte instalación

 

Los proyectos de instalación de Juan Pablo Chipe son una pieza importante en los montajes de todas sus exposiciones, pintura, ilustración, collage o ensamble, la instalación es un complemento fundamental en la presentación de la obra en un espacio expositivo la cual nos ayuda a recibir la idea que nos quiere contar el autor con dicha muestra. Mayormente utiliza materiales de desecho (reciclables) distintos tipos de papel, plástico, aluminio, cartón, objetos de uso cotidiano etc.

 

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos, de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara. (Jorge Luis Borges)

 

PERVIVENCIAS OBJETUALES.

Mi amiga Lidia vivía en una casa de cartón llena de letras. Un día me invitó a jugar después de la escuela y, al llegar a su habitación, me invadió un agradable sentimiento. Fue una sensación inexplicable, me quedé maravillado con el paisaje. Su casa tenía pequeñas habitaciones y las paredes estaban plastificadas con bolsas de plástico de la compra, los remates de las esquinas eran de aluminio, el suelo estaba hecho a base de tiras de neumáticos y las ventanas estaban guarnecidas con tetrabricks. El jardín que la rodeaba era llamativo: Lidia había tenido la ocurrencia de poner las plantas en latas de conserva. ‘¡Qué feliz es Lidia viviendo en esta bonita casa!’, recuerdo que me dije.

 

Después de aquel buen impacto, me sentí reconfortado pensando que yo también tenía mi colección de bolsas parlantes de patatas fritas, de cajas de cereales, de etiquetas de latas y de envoltorios de caramelos. Se me ocurrió imaginar que si llegaba construir una casa como la de Lidia, “me gustaría tener la basura mas bonita”. La batalla con la limpieza de casa made in mi mamá era una pesadilla. A mis espaldas, me tiró muchas cosas que aún recuerdo con nostalgia, como una caja de perfume de Versace que me encontré en el rancho de la familia de mi papá. ¿Qué hace una caja de un perfume de Versace en un rancho perdido del desierto de Sonora? Esto no lo pensé entonces, lo pienso ahora. Tampoco olvidaré una bolsa de plástico de aros de cebolla color cobre con el dibujo de un cofre lleno de monedas de oro, con su pirata y su loro. Mi aprecio por la basura reciclable y objetos inútiles que la gente tiraba a la basura o abandonaba por la calle siguió en aumento, de modo que enseguida me vi dando nuevos usos a mis hallazgos, que no tardaban en transformarse en objetos o en materiales indispensables para el motor de mi vida.

 

Era fascinante comprobar como habitaban mi mundo. Todos los colores, brillos, ruidos, texturas, letras y diseños que desprendían me motivaban a jugar, soñar, pensar, escribir, dibujar, pintar, y estimulaban mi pensamiento como nada hasta entonces. Inconsciente e instintivamente, empecé a construir collages. Además, era un modo fácil de almacenar aquel material antes de que mi mamá lo hiciese desaparecer en la basura general.

 

Otra productiva fuente de inspiración fueron los viajes que hacía con mi familia o los compañeros de la escuela por ciudades de México o los EE.UU. Mis souvenirs eran basura que recogía en cualquier sitio; también hacía que me compraran dulces, patatas o zumos sólo por los envoltorios… para después tocarlos, admirarlos y guardarlos con el resto. Y así, en unos cuantos años, fui acumulando necesariamente mi material reciclable. Cuando hice mi primera exposición individual, los acercamientos que había experimentado frente al arte pop y la profunda admiración que sentía por la obra de Robert Rauschenberg fueron decisivos. Las potentes imágenes de pintura mexicana que me rodeaba, sumadas a las basuras que había acumulado en mi cabeza, me llevaron a hacer una instalación de material reciclable y 40 pinturas. Aquella exposición fue todo un suceso, o al menos así la recuerdo. Las muestras que realicé en los diez años siguientes me llevaron por el mismo camino. Unas veces la obra tenía que ver con el material de la instalación, otras no. La estética del ensamblaje era un leitmotiv suficientemente poderoso y placentero como para animarme a seguir trabajando. Igual que Kurt Schwitters, pionero y teórico universal del arte del rastreo, “me sentía libre y necesitaba expresar a gritos mi júbilo por todo el mundo… También se puede gritar con los residuos. Lo que me correspondía era crear algo nuevo con ellos”.

 

RE–CONOCIMIENTO Y RE–COLECCIÓN.

Al emigrar a Europa, me encuentro con otro mundo de basuras, con nuevos materiales. Lo que más me llamó la atención fueron los cruces de idiomas, como si las gentes del viejo (para mí nuevo) continente–contenedor se comunicasen en el marco dispar de una refrescante sinfonía oral y escrita en permanente construcción. Con la paciencia habitual, empecé a acumular mis pequeños tesoros artísticos. Al volver ahora la mirada hacía México, veo lo funcional que resultaba (o resulta) el material reciclable y lleno en la vida de las personas —igual que en la casa familiar de mi amiga Lidia— que sobreviven en los desechos de los otros. Vaya a donde vaya, esté donde esté, contemplo el provecho de todo esto como un buen carburante para mi vida creativa.

 

Texto: Yago Barja. Madrid España 2011